Prosa aprisa
Arturo Reyes Isidoro

He regresado a Xalapa ya noche de Córdoba. Su vida activa me ha servido para recordar dos dichos: uno, Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos; otro, ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre.

Córdoba es también Veracruz, pero no el mismo Veracruz de Xalapa o el controlado municipalmente por Morena. Tal vez la independencia de la alcaldesa Leticia López Landero, panista de origen, marca la gran diferencia.

Este lunes era día de un anuncio esperado durante décadas, y a través de Martha Marañón, la titular de Comunicación Social del Ayuntamiento, compañera mía de estrategias de comunicación de muchos años, la presidenta municipal me corrió la distinción para que la acompañara.

Anunció que el próximo lunes dará al banderazo de la primera etapa de la construcción del paso a desnivel, bajo las actuales vías del ferrocarril, que acabará con las largas filas y mucho tiempo de espera que se genera a diario en la Calle 39 y que complica terriblemente el flujo vehicular de Amatlán hacia Córdoba y viceversa.

Ante representativos de diez colonias que se verán beneficiadas, técnicos del Ayuntamiento dieron detalles de la obra, que se hará con recursos municipales y con los apoyos de las empresas Ferrosur y Ferromex, amén de que se destinará una parte del Fideicomiso Parquímetro (municipal) para costear los trabajos. De entrada, se tienen ya listos 30 millones de pesos. Me llamó la atención que no se habló de recursos estatales ni federales.

La obra se hará a la altura de la estación ferroviaria, que es paso obligado en uno y otro sentido, y para dar idea del problema, se mencionó cuántas veces pasa el ferrocarril por día a la semana, lo que obliga a largas esperas: el lunes, 24; el martes, 27; el miércoles, 26; el jueves, 27; el viernes, 26; sábado 25 y domingo 17.

Acostumbrado a que en la ciudad en la que vivo, la capital del Estado, no se anuncia ni se realiza ninguna obra ya no de consideración sino ni mencionable, me sorprendió ver a la autoridad municipal cerca de la gente, porque no solo les hizo el anuncio, sino que atendió a todo el que se le acercó para hablar con ella sin que ningún “guarura” o “ayudante” lo impidiera, simple y sencillamente porque no trae ninguno.

Fue imposible que no dejara de hacer comparaciones con lo que pasa en Xalapa, donde desde que asumió la presidencia municipal, el alcalde Hipólito Rodríguez Herrero mantiene un divorcio total con la población, nunca se le ha visto encabezando un acto en alguna calle de la ciudad donde además atienda a vecinos, y la ciudad está peor que cuando entró.

Pero, además, observé la vitalidad de la ciudad donde la pandemia de coronavirus no ha sido pretexto para paralizar los servicios, pues en un recorrido por diversos puntos vi que calles, arriates, áreas ajardinadas, avenidas, lucen limpias y bien cortadas, no están montosas, no se ve basura amontonada.

Centrada la atención que tengo en el eje Xalapa-Veracruz, algo que también me sorprendió es que la autoridad municipal determinó, con total independencia, con apego a su autonomía de ley, no cortar la circulación de vehículos en ningún momento en alguna área de la ciudad los fines de semana, según lo celebran los cordobeses, de tal forma que la vida ha transcurrido, vialmente, con toda normalidad.

Esa decisión la determinó el hecho de que Córdoba es una ciudad con una vocación comercial, por lo que tampoco se cerró ningún comercio para no afectar la vida económica, no generar desempleo, a cambio de que todos los propietarios extremaran las medidas sanitarias y, a su vez, exigieran a sus clientes que lo hicieran, lo que ha funcionado con gran éxito.

Pero, qué duda cabe, ha sido determinante el liderazgo de la alcaldesa López Landero, pues mantiene el diálogo fluido con los diversos sectores de la ciudad y de común acuerdo adoptan medidas. Pero el diálogo ha sido el motor para que todos los cordobeses jalen parejo con su autoridad.

Recuerdo al inicio de la columna los dichos que menciono porque luego se nota la conveniencia y el resultado de que la autoridad municipal no esté cerca y sujeta a que le ordenen desde el palacio de gobierno qué hacer y que no, y que pueda trabajar con total independencia, porque tampoco está sujeta a siglas, colores e ideología.

En otra actividad, se me invitó también a un acto de hermanamiento entre Córdoba e Iguala, Guerrero, con un rico pasado histórico ambas, acto que me mostró la promoción de diversas actividades, las culturales e históricas, donde incluso hay recursos para ediciones relacionadas con la historia de la ciudad, acto donde la presidenta ofreció todo su apoyo para que se mantenga la continuidad el próximo año.

Con algo más: ningún cordobés consultado me dijo que alguna autoridad estatal ha ido a chapear, y me comentaron que no lo necesitan por la eficacia de su autoridad municipal. Algunos que no estaban enterados, se sorprendieron al saber que en Xalapa eso está ocurriendo. “No, aquí no necesitamos vejigas para nadar”, me respondieron.

Día bonito ayer en Córdoba, con una tarde soleada, pero con la brisa refrescante que barría los tradicionales portales. No que no haya medidas de precaución para evitar el contagio de COVID-19, pero sí lo mínimo, porque los cordobeses, ejemplarmente, han tomado conciencia de que ellos mismos deben cuidarse.

La alcaldesa, interesante. Se conduce con toda institucionalidad con las autoridades estatales y federales, y hace gala de oficio político, el que le da haber sido ya diputado local y federal, la primera mujer diputada federal del distrito y la primera mujer presidenta del municipio.

De vuelta en Xalapa, el asomo ya del embotellamiento vehicular hacia la salida al puerto de Veracruz. Casi se volvió a la normalidad, qué duda cabe.