PLANA MAYOR
Gaudencio García Rivera

A partir que empezó a brotar la pandemia del Coronavirus COVID-19 en la Ciudad de México, en Veracruz el gobernador Cuitláhuac García continúa obnubilado bajo el síndrome de Hybris -borrachera del poder público-, tozudo celebró la inauguración del evento de la Cumbre Tajín, cuando expertos e investigadores le hicieron un exhorto con anticipación para que la suspendiera. Hecho que ocurrió un día después.

Dejemos a un lado las pérdidas millonarias que provocó el capricho cuitlahuista, vayamos al foco de infección que pudo provocar el evento inaugural –sin contar con la represión que ordenó en contra de una agrupación campesina que pedía validar apoyos sociales que nunca llegaron-, donde se congregaron trabajadores, participantes y artistas.

Cuitláhuac, al igual que el guía moral de Palacio Nacional, filósofo de Macuspana y populista de corte seudoizquierdista, caricaturizó el avance de la pandemia Covid-19 en Veracruz: medidas sanitarias tardías, ausencia de llamadas para evitar compras de pánico, desabastecimiento de medicinas en los centros hospitalarios. Pero.

En el ojo de la pandemia –fase uno-, el gobierno de Veracruz se ha visto lento no tan solo en las normas de sanidad que se deben decretar en una emergencia epidemiológica nacional, sino que está ausente en normas complementarias que se deben de ejecutar de inmediato. El novel góber está extraviado, en sus entelequias y ahorros para el 2021 en tiempos electorales.

El gobierno federal dispuso que Pemex agilice adeudos a proveedores y contratistas para que se garantice liquidez al sector privado y no se paralicen las fuentes de trabajo en el país, para frenar la dramática caída del PIB.

Este plan de AMLO, de lo poco rescatable que ha hecho el gobierno de la 4T, podría amortiguar del tobogán que se complicó con el choque recurrente que trae con la oposición y con todo aquel que disiente del criterio y obcecación del filósofo de Macuspana.

En Veracruz, el góber morenista es obcecado igual que su guía moral, está invisible a los principales conflictos sociales y demandas populares. No se ha dispuesto cubrir el añejo rezago de adeudos a proveedores en general para que no se estanque la economía en la entidad. No hay interlocución oficial porque es un gobierno de mudos y de gesticulaciones, pues.

Es la fecha que la sociedad civil no sabe a cuánto ascenderá los recursos económicos que destinará el gobierno morenista para afrontar los efectos de la pandemia de Covid-19, de cuánto es el seguro con el que se cuenta, cómo va a apoyar a los empresarios, al comercio organizado y a los desempleados en caso de que se multipliquen los casos por decesos e infectados.

¿Cómo va a paliar a la población activa trabajadora en caso de que se decrete una cuarentena? ¿De cuánto es la bolsa que se va a destinar para la población en general, en caso de que sean aislados de la comunidad? ¿El gobierno aplicará medidas de estímulos fiscales? ¿Se diferirán el pago de impuestos para el próximo año?

Los desempleados que habrán de aumentar en lo que resta del año por la recesión mundial que se nos viene encima, ¿contarán con un seguro las personas pierdan su empleo? En esta crisis mundial por la pandemia, ¿hay un mar de interrogantes que el gobernador de Veracruz debe contestar y aclarar a los veracruzanos?

Estamos en la antesala de la expansión de Covid-19, no esperemos que la pandemia estalle en el búnker de Cuitláhuac. Urge convocar a la unidad y a la cruzada estatal con todos los sectores productivos de la entidad, para superar el enemigo crucial de la humanidad: Coronavirus Covid-19.

Las fobias y filias, la soberbia, indolencia y patrimonialismo, en este momento, no son buenas pasajeras.

 

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