PLANA MAYOR
Gaudencio García Rivera

¿Veracruz surrealista? Si viviera el pintor español Salvador Dali y recorriera con lupa la barbarie que ocurre en Veracruz, se moriría in su facto por la ineficiencia, dilación por omisión casual o causal, e impunidad de los personeros del poder público de la 4T.

No tenía ni 24 horas que el crimen organizado le calló la boca al concupiscente  góber morenista –un discurso, por cierto,  caracteristico de una monserga-, con un aterrador mensaje de 12 bolsas con restos humanos tiradas en el feudo del municipio de Maltrata, cuando (…)

¡Zas! Le volvieron a  tapar la boca los transgresores de la ley, los señores de ahorca y cuchilla. Arrojaron este viernes 9  otras bolsas que contenían 5 cuerpos, 4 hombres y una mujer, amordazados, torturados y ejecutados en la comunidad de Paso de Higueras, municipio de Vega de Alatorre.

El sello del triunfalismo y campanas al vuelo que despliega el novel góber y sus flamantes operadores de seguridad y gobernabilidad –ajenos del estado-, demostraron con la barbarie desatada en Veracruz el fracazo de la lucha anticrimen.

No hay día que en la entidad se registre homocidios dolosos, asaltos a mano armada y feminicidios, que según el góber, han bajado en un 30 %. Hay una impunidad galopante y complicidades aviesas del crimen organizado con sectores publico y privado, que sustituyó el imperio de la ley, el orden y la concordia.

La lucha anticrimen no será exitosa si el poder público local y federal no ataca  de fondo las piramides del poder que protegen y soslayan a los grupos criminales que han hecho de Veracruz un nicho privilegiado de la cadena de ilíctos.

A esto se le llama simulación y doble discurso del gobierno cuitlahuista. Si no se diezman los cerebros financieros de los cárteles de  la droga en la entidad y se captura a los “padrinos” de la mafia, la lucha anticrimen será infractuosa, desgastante y seguirá costando muchas vidas colaterales.

Aunado a ello el gobierno de Veracruz ha venido ejerciendo un subejercicio del gasto social. El tejido social se ha ido reconstruyendo a cuentas gotas, porque las grandes inversiones en obras camineras, vivienda y servicios públicos se han frenado.

El infierno que se vive en Veracruz por un estado disfuncional, hay que sumarle que ante la falta de capacidad y ceguera del concupiscente góber, la inversión pública del sector privado ha venido a la baja. A los proveedores en general, incluyendo medios de comunicación, se les ha venido dando largas al rezago de pagos.

No hay certeza, confiabilidad y honestidad de la mayoría de los servidores públicos cuitlahuistas. La corrupción, los “moches” o comisiones para cobrar los adeudos de pagos en la Sefiplan, la impunidad, ineficiencia y tortuguismo, además del infierno de la inseguridad pública, son el sello del gobierno de Cuitláhuac García.

¿A quién le importa que Veracruz lo sepulte el tobogán?

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