BREVES DE AGUARENA
Juan Salomón

Por causas de fuerza mayor este reportero se desconectó de la civilización por varios días. Hacía años que no viajaba por la sierra de Soteapan y el valle del Uxpanapa. En remotos tiempos del siglo pasado había por esos rumbos infinidad de animales silvestres para cazar y alimentarse. Mucho ha cambiado en unas cuantas décadas, continúa la ancestral pobreza de sus habitantes. Conservan aún algunas costumbres y tradiciones. Es el México desconocido por la mayoría de los mexicanos. Aunque vivimos en un mundo globalizado, todavía existen regiones apartadas de las que poco o nada sabemos a pesar de que son pintorescos y selváticos pueblos parecidos al jardín del edén, pleno de verdor natural y habitados por gente sencilla, humilde y generosa.

De regreso en Xalapa encontramos los mismos problemas que había cuando nos ausentamos por estas breves vacaciones: inseguridad, desempleo y pobreza. En el sur del estado parece que retrocedimos en lo referente a estos temas. Hombres armados por doquier, cobros por derecho de piso, ejecuciones, secuestros y extorsiones al por mayor. La delincuencia organizada es más fuerte que la propia autoridad. Todo mundo sabe quiénes son y dónde están los malos y quién es el jefe. Nadie se atreve a denunciar por temor a represalias fatales. La gente se ha acostumbrado a balaceras y asesinatos en plena vía pública y a la luz del día.

De nuevo en Xalapa a escuchar quejas y protestas por la escasez de circulante. No hay dinero que alcance para subsistir.

–Hermano, pensé que te habías muerto o que te habías ido a Estados Unidos a trabajar. ¿Te deportó el loco Trump? –comentan algunos amigos entre en serio y en broma a manera de bienvenida.

–¿Qué novedades, de qué me he perdido en la aldea? –pregunta el reportero para actualizarse.

–Todo sigue igualito o peor. Nada de obra pública. Nada de empleo. Nada positivo y sí mucha violencia. El gobierno parece estar paralizado. Puro bla-bla. Los funcionarios hablan y hablan y sólo ellos creen sus mentiras. Dimes y diretes por donde le busques. Desesperanza, hastío y frustración entre los ciudadanos. Tal vez se pusieron demasiadas expectativas en el cambio de gobierno y no es lo que se esperaba –explican personas entrevistadas.

–Hasta ahora Andrés Manuel López Obrador no ha demostrado ser mejor ni peor que los anteriores presidentes. Ahí la lleva sin pena ni gloria. A los que les ha repartido dinero, ancianos y jovenes, tal vez están contentos con él. Los despedidos y los que aspiraban a trabajar en el gobierno están decepcionados e incluso irritados. No han sentido el cambio prometido. El pueblo continúa empobrecido y deprimido. No se vislumbra la salida al final del tunel –dicen desconsolados.

En fin, no hay varita ni recetas mágicas. Tampoco se sabe de milagros en materia de política y economía. Nadie posee la ansiada panacea universal.

¿Hasta cuándo habremos de esperar para que esta crítica situación cambie para bien?