BREVES DE AGUARENA
Juan Salomón

Parece característica intrínseca de los políticos no sólo de México sino de muchos países. Servidores públicos que no sirven al pueblo, sino a sí mismos y viven en la total negación de los problemas. Hubo un secretario de gobierno y pocurador que cuando ocurrían eventos violentos, declaraba de manera cínica que se trataba de “hechos aislados”. Otros hablan de estadísticas o de datos oficiales para insistir en que todo va bien y que quienes denuncian o critican al gobierno son sus adversarios.

En el colmo de la estulticia algunas autoridades suponen que basta con que nieguen la existencia de un suceso de sangre para que los ciudadanos también lo crean.

La cretinidad ha aumentado en los funcionarios, comenzando por presidentes de la república, gobernadores y alcaldes. Se consideran infalibles y que su palabra es ley: “Si yo digo que es no, es no” y “si afirmo que es sí, es sí”.

La arrogancia de los cretinos en grado superlativo invade al gobierno en todos sus niveles. “Yo mando y nunca me equivoco”.

Aquí mismo en Xalapa, el honesto y reputado académico que de ser un desconocido entre los xalapeños pasó a la presidencia municipal, se comporta hoy de manera insoportablemente soberbia.

No lee, no escucha ni ve. Su sordera y ceguera hacen que esté considerado como uno de los peores alcaldes que haya habido en la capital del estado. Por lo menos es la percepción.

Su más reciente desatino, que por desgracia no el último, ha sido la desafortunada declaración de que aquí no hay grupos de autodefensas, son “vecinos vigilantes”. Es cuestión de semántica, ¿verdad, Hipólito?, porque usted lo dice y qué.

Y si le preguntan sobre la basura también habrá respuesta parecida. Y sobre las carísimas tarifas del agua potable, igual. Y sobre lo que gusten y manden, que para eso lo eligió el pueblo y es “el señor otoridad”.

Nomás le faltó decir que no hay inseguridad en Xalapa, que hay paz y tranquilidad.

Lástima que aún no hay revocación de mandato.