BREVES DE AGUARENA
Juan Salomón

–De todo hay. Conocemos a padres que disfrutan del amor de hijas e hijos. También a muchos abandonados en asilos o arrinconados en su propia casa, donde parecen personas extrañas porque los excluyen de conversaciones y planes del resto de la familia, por viejos, sordos o enfermos. Que se amargan y se preguntan ¿qué hice para merecer este desprecio de aquellos que cuando niños cuidé, eduqué y orienté?

–Algunos no quieren que llegue el “Día del Padre” porque nadie se acuerda de ellos, no reciben llamadas de felicitación, ni regalos, ni el mínimo saludo. Son completamente ignorados.

Muchos, en cambio, sí son agasajados, a veces con su propio dinero, no importa, se trata de celebrar en restaurantes, adquirir costosos regalos que anuncian en la televisión o por internet o en los medios de comunicación. Negocio redondo, “el día del padre, el día de esto y de aquello y de lo otro”, el chiste es vender. Hay que seguir inventando “días” de lo que sea. Los comerciantes son los más beneficiados.

Uno de los tantos videos que por estos días circulan en redes sociales, es el de un anciano resentido que critica a los hijos ingratos y les recuerda que cuando eran niños sus padres los protegieron y ahora ellos les pagan con la indiferencia.

A otros los llenan de regalos, elogios y reconocimientos. ¡Enhorabuena!

No se depriman ni acongojen, amigos. No exijan amor, gánenselo. Y si los hijos no les demuestran cariño, no se humillen y sigan adelante. No lloren, no se lamenten ni se compliquen la existencia. La vida es así, injusta a veces. La ingratitud es parte de la condición humana.

El amor no sólo debe expresarse un día del año, debe ser siempre, toda la vida. No es obligación recibir regalos de los hijos, ni ir a comer en lujosos restaurantes, ni que los visiten a fuerza. Es “día del padre” porque lo inventaron los comerciantes para vender regalos. Así que no se pongan tristes si sus retoños no los festejan. El mundo no se acaba por falta de una fiestecita, de una felicitación o de un regalito.

Esto es como la rueda de la fortuna: los padres de hoy, fueron hijos ayer. Los hijos de hoy se convertirán mañana en padres de familia.

Así que amen de manera incondicional a sus hijas e hijos. No esperen nada a cambio.

Sean hoy felices y también en los días siguientes.