BREVES DE AGUARENA
Juan Salomón

1.- José Inés, joven asiduo lector de Selecciones del Reader’s Digest, sorprendió al resto de sus compañeros de trabajo al saltar de su asiento y gritar a todo pulmón al mismo tiempo que con la mano derecha mostraba un ejemplar de la citada revista:

–Amigos, voy a renunciar hoy mismo al trabajo. Miren lo que dice aquí –les señaló con el dedo un recuadro en el que se leía: “Estimado José Inés, felicidades, has sido seleccionado para ganarte 50 mil pesos”.

En aquellos tiempos esta cantidad era una fortuna, equivalente tal vez a medio millón de la actualidad o más para José Inés, que no percibía ni el salario

mínimo. Se imaginaba ya rico y seguía gritando loco de contento como el jibarito. Sus amigos lo rodearon jubilosos y lo felicitaban una y otra vez, hasta que el “Sacalumbre”, que desde chiquillo era mucho más listo que el resto de sus amigos, se acercó y leyó con calma el anuncio.

–Mira bien, José Inés, apenas has sido seleccionado para participar en el sorteo. Aquí lo aclara más adelante. No te has ganado nada todavía.

En efecto, el gusto le duró sólo unos minutos, jamás recibió los 50 mil pesitos el iluso José Inés.

2.- A don Chon le fue peor. Siempre muy trabajador, tenía una tiendita de abarrotes. Vivía feliz rodeado de hijos y nietos. Siempre compraba un billete de la Lotería Nacional. Soñaba con sacarse un premio para adquirir una casa de campo junto al mar y radicar allí con toda su familia por el resto de sus días. Compró el mismo número cada semana durante 30 años y a veces obtenía reintegro, hasta que la suerte lo favoreció y se ganó 100 mil pesotes, un dineral para la época.

Se emocionó al máximo en cuanto recibió la buena noticia por voz de la vendedora de billetes pero de repente sintió fuerte dolor, se le paralizó medio cuerpo y cayó al suelo. Lo llevaron al hospital debido a un derrame cerebral que a su vez le provocó una hemiplejía, según le diagnosticaron. Perdió el habla y nunca se recuperó. El dinero lo disfrutaron sus hijos y nietos y al pobre de don Chon lo sacaron del hospital para no gastar en médico y medicinas y lo confinaron en un cuarto de su casa hasta que falleció olvidado y amargado por el abandono de sus ingratos parientes.

3.- Era Güicho un tipo sui géneris, hijo único del cacique del pueblo, nació millonario. Alto, fornido, de pelo rubio y ojos azules, dicharachero, querido por las mujeres y apreciado por los hombres –como el de la canción. Vestía de manera estrafalaria, viajó por distintos países, se transformó en todo un metrosexual, sedujo mujeres bellas y famosas y entabló amistad con celebridades del arte, la industria, el comercio , la banca y la política. Muy joven heredó extensos ranchos ganaderos, casas, terrenos urbanos, cuentas bancarias y el hotel más grande y lujoso del pueblo. Adquirió costosos automóviles deportivos, se aficionó a los juegos de azar, las carreras de caballos finos y en general a la dolce vita. Si alguna persona pobre le pedía ayuda, no se la negaba, pero le irritaba que lo calificaran de filántropo, benefactor o buena gente.

Por su popularidad le ofrecieron en varias ocasiones ser candidato a diputado y alcalde de su municipio. No aceptó. Incluso en dos ocasiones cuando el PRI iba en picada, el propio gobernador le pidió personalmente que fuera candidato a presidente municipal porque ninguna otra persona garantizaba el triunfo electoral. Se mantuvo firme Güicho y rechazó la oferta. Sus múltiples amigos tampoco lograron convencerlo. Lo curioso es que a pesar de su buena suerte con el sexo opuesto, jamás se casó ni tuvo hijos. Murió a los setenta y tantos años y su cuantiosa fortuna la repartió entre su secretaria, su chofer y un sobrino.

Los relatos anteriores están basados en sucesos de la vida real, atestiguados por el amigo “Sacalumbre”.