Articulista Invitado
Lic. Edgar E. Cinta Pagola.

 

El término procede del vocablo latino “malĭtas”, de malo, “como condición negativa relativa atribuida al ser humano que indica la ausencia de moral, bondad, caridad o afecto natural por su entorno y quienes le rodean, actuar con maldad también implica contravenir deliberadamente utilizando la astucia, los códigos de conducta, moral o comportamiento públicamente correctos en un grupo social, por mezquindad, egoísmo, vileza, perversidad, abyección, degradación y crueldad, hacia los demás, con desconfianza, rencor, insensibilidad, que celebra más el odio que la bondad; al caso podemos citar la opinión de algunos pensadores como  Sófocles “Al hombre perverso se le conoce en un solo día, para conocer al hombre justo hace falta más tiempo”; a Albert Einstein “El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad”; o más cercano a nuestros días a John Fitzgerald Kennedy “La maldad de muchos no está en lo que dicen acerca de su causa, sino en lo que dicen sobre sus contradicciones”. 

 

En contraposición a esa acepción, encontramos “la bondad, etimológicamente proviene del latín “bonitas”, derivado de “bonus” que significa bueno y el sufijo “tat”, trasladado al español se convierte en “dad” que significa “cualidad”, por lo que la bondad ha sido considerado el atributo o cualidad de ser “bueno”, es una virtud propia de los seres humanos, se caracteriza por la compasión que sienten, en un momento dado, las personas actuando siempre en un beneficio común, sin ningún tipo de interés personal”. 

 

El servicio público, queremos suponer, tiene como premisa indispensable, “la búsqueda del bien común”, con un comportamiento imperativo perenne, en base a la confianza depositada por los gobernados a sus gobernantes, quienes deberán actuar en consecuencia en el ejercicio del poder; coincido con el pensamiento Juarista de “la autodeterminación de los pueblos”, pero no podemos dejar de considerar lo negativo del populismo y el absolutismo, con los ejemplos innegables en Latinoamérica, sin prejuzgar, en vista de los acontecimientos resientes en Venezuela, no podemos menos que apreciar y voltear a la historia, “el poder mal entendido corrompe”, raya en la maldad de las personas, para hacer daño inconscientemente, incluso a quienes señalan representan y defienden, sin importar las consecuencias, en busca del beneficio propio o de grupos de poder, ese es el antecedente a considerar, Venezuela como ejemplo vivido, y, posible derrotero en nuestro México, las pugnas intestinas de los partidos y las influencias económicas, políticas e incluso criminales, nos tienen sumergidos en el caos, no se puede buscar como excusa constantemente el pasado, es el presente el que debemos impulsar, para beneficiar a las mayorías, el Presidente no puede evadir responsabilidades, en sus conferencias mañaneras de manera perenne, arrojando culpas a “la mafia del poder”, “los corruptos”,  “adversarios”, “fifís”, “contrarios”,  “antagonistas”, o por el solo hecho de discrepar en su actuar populista y autoritario, hoy gobierna a todos los mexicanos, no solo a sus huestes y gustos, póngale remedio, y, tienen que actuar en consecuencia, ejemplos tenemos cuantiosos para los pocos días de gobierno, emblemática es la decisión del aeropuerto de la ciudad de México, por el de Santa Lucia; la interrupción del apoyo gubernamental a las Estancias Infantiles; el tren Maya; la derogación de la Reforma Educativa; la construcción de una refinería; los Programas Sociales clientelares criticados por 18 años de su campaña; y, como colmo, la emisión de Memorándum dictatoriales, escudado en la supuesta decisión popular, sin establecer cómo se desarrollan las consultas o la tomas de decisiones, muchas de las veces a mano alzada, en auditorios a modo, sin conocer bien a bien otros a propósito; de lo que más nos lamentamos, es de la toma de decisiones, como elección de optar por usar el poder soberano, sin transparencia sin establecer, si causa un daño general o un  beneficio, ahí reside la clave si son conductas malvadas o bondadosas, ante una misma situación, pues la voluntad de uno solo, el Presidente, que a su entender elige el rumbo del hacer gubernamental, incómodos porque recuerdan las expectativas positivas de otros, anulados por sola voluntad.

 

Eso nos lleva a recapacitar, maldad o ignorancia, el libre albedrío de actuar desde el bien o desde el mal, frente a un sistema despótico, que pretende desvanecer las acciones totalitarias de un solo individuo, escudadas en su popularidad, y, pretexto popular, incluso peor, cuando por sistema se predica un bien, cuando se realiza un mal, con la constante confrontación,  convertida en un estilo de vida, no señores gobernantes, tanto ansiaron serlo, que olvidaron en su triunfo sus objetivos, y no se prepararon para gobernar a todos.

 

Citando a Cicerón “que cuando mejor es uno, más difícilmente llega a sospechar de la maldad de los otros. Hacer el bien como principio y no como interés. Hacer el bien como elección personal que brota de unos valores y una ética particular. Hacer el bien, aunque uno esté solo en la elección, rendir cuentas a uno mismo. Porque el número de malhechores no autoriza el crimen. Hacer el bien en la vida, es un todo indivisible. No cuela hacer el bien en un área y el mal en otra, es engañarse a uno mismo. La obediencia ciega y la ausencia de responsabilidad son una ilusión, un descargo de las propias decisiones. Cada uno es el dueño de sí mismo.  Hacer el bien sin dio hacia el mal. Porque cuando uno se deja llevar por la ira, luchar  contra los monstruos del mal, hace que se convierta uno mismo en monstruo. 

 

La bondad como voluntad de bien, como demostración de poder personal para superar un sentimiento de rabia, un deseo de venganza. El resultado de practicar la bondad es la integridad, es la construcción de la honradez y la decencia de la persona. Esa integridad que provoca satisfacción interna, alegría y una sonrisa que brota de dentro”.

 

Saludos ………