Opinión
Bernardo Bátiz V.
 
¿Cuál será el cambio en la administración federal, en los gobiernos de los estados y en el de Ciudad de México? ¿En qué se reflejará como efecto para la gente su votación arrolladora en favor de Morena y sus candidatos? Los ganadores, empezando por el candidato a la Presidencia de la República, pero también y quizá con más dificultades, los demás flamantes funcionarios que llegan a cargos públicos desde la oposición, se enfrentarán a una realidad nada fácil; de la fiesta inicial, de la justificada euforia, se pasa de inmediato, de sopetón, al cumplimiento de compromisos y a la solución de problemas, algunos inmensos que se reciben como herencia a beneficio de inventario, de las anteriores administraciones y de los titulares de los cargos que ahora se retiran derrotados políticamente, pero con las escarcelas bien aprovisionadas.

También los nuevos legisladores, senadores y diputados al Congreso de la Unión y los representantes populares de los congresos locales, tendrán ante sí un panorama legislativo intrincado, frecuentemente mal intencionado y casi siempre redactado en forma confusa y difícil para los destinatarios de las leyes.

Titulares de los ejecutivos e integrantes de los congresos o parlamentos, deberán demostrar muy pronto que las cosas han cambiado o que van en ese camino, que actuarán como verdaderos servidores públicos en los cargos que están asumiendo o que asumirán pronto, que son otra cosa, que representan una alternativa apreciable por los electores. Se ha dicho, y con razón, que triunfaron los candidatos, en especial Andrés Manuel López Obrador, dirigente del movimiento y del partido, que se alcanzó un poder que antes solamente había ostentado el PRI, cuando era el partido oficial y la aplanadora, pero también se ha reconocido públicamente que el triunfador es el pueblo que salió a votar, que defendió la legalidad del proceso en las casillas de votación, que antes recorrió de casa en casa ciudades, pueblos y rancherías de todo el país. El pueblo es el ganador y titular de la soberanía, pero quienes deben demostrar que las cosas cambiaron son los que rendirán protesta de sus cargos próximamente y empezarán a enfrentarse a la realidad que heredan de sus predecesores.

Hay que pensar en esto e interpretar cómo quien ganó la Presidencia de la República no ha dejado ni un día de tomar decisiones, de anunciar nombres y perfiles de los que estarán al frente de las diversas carteras del gabinete y de los responsables de áreas muy sensibles de la administración paraestatal, y cómo ha tenido contacto con representantes de gobiernos extranjeros del más alto nivel y comunicación directa con algunos de sus futuros colegas, hasta con el terrible y temido presidente Donald Trump, de Estados Unidos, nuestro peligroso y tradicionalmente abusivo vecino.

Percibo congruencia y ejemplo claro de lo que habrá que hacerse y creo que la diferencia de fondo, esencial entre quienes llegan y quienes se van, es la intención, la motivación profunda para el trabajo político, lo mismo en el Ejecutivo que en el Legislativo; se trata de que unos quieren hacer historia, son los que llegan, y otros, los que se van, se preocuparon más en resolver su futuro personal y el de sus descendientes hasta dos o tres generaciones futuras. La ambición de AMLO es pasar a la historia, no ser uno de tantos presidentes anodinos, sino un presidente a la altu­ra de los que ha mencionado como sus modelos, Juárez, en el siglo XIX, Madero, iniciador de la Revolución Mexicana, o Lázaro Cárdenas, quien la consolidó y convirtió en un poder en beneficio de las mayorías, campesinos, trabajadores y pueblo en general.

No será fácil, el poder como todo mundo sabe, produce vértigo, las tentaciones de todo tipo van a estar al asecho en todas partes, los conocidos y desconocidos se acercarán con todo tipo de intenciones; buenas, sin duda, en muchos casos; anodinas en otros y perversas también en no sé cuántos más. Mucha gente cree tener ideas, información, planes, proyectos y propuestas que pueden salvar a todo el país o a un sector de la sociedad o que pueden resolver tal o cual problema específico, habrá que escucharlos. Los triunfadores van a recibir propuestas y ofertas de todo tipo y deben tener el temple y el carácter para mantener su voluntad de servicio por encima de las buenas y las malas proposiciones.

El lema de campaña fue juntos haremos historia y ese adverbio inicial, que significa unidos o cercanos, implica una responsabilidad colectiva y debe significar un resultado que beneficie a todos; la palabra juntos debe referirse al esfuerzo común y a los resultados positivos, tangibles, evidentes que se esperan. Quienes estén pensado en su sector social, en su gremio, en su distrito o en grupo de amigos, en su tribu o aun en su partido, están equivocados; ese juntos debe ser tan amplio que nadie quede fuera, que abarque a todos, que escuche a todos y que beneficie a todos.

Ciudad de México, 3 de agosto de 2018.