Al Estilo Mathey

Gustavo CADENA MATHEY 

Buen día apreciado lector: 

De nueva cuenta el Papa Francisco ha puesto el dedo en la llaga del trabajo de algunos medios de comunicación en el mundo. 

Otra vez sorprende a la comunidad con declaraciones que no sin faltarle razón, se podrían enfocar evidentemente hacia el sensacionalismo. 

Eso pensé cuando lo leí ayer en una columna de diario defeño, pero fui directamente a la fuente, la Oficina de Prensa de la Santa Sede y encontré que lo dicho es parte de una amplia entrevista que Jorge Mario Bergoglio o sea Francisco, concedió el miércoles en Roma al semanario católico belga “Tertio”, con motivo de la clausura del Jubileo extraordinario del Año la Misericordia. 

Le preguntaron sobre el intento del gobierno de Bélgica, de separar la religión de la vida pública; de si la religión influye para hacer las guerras; de la conmemoración de los 100 años de la primera Guerra mundial. 

Al respecto y en relación a la vieja consigna del continente europeo de “nunca más la guerra”, el Papa respondió que aquello “no fue tomado en serio, porque después de la primera vino la segunda, y después de la segunda está esta tercera que estamos viviendo ahora a pezzeti, a pedacitos. Estamos en guerra. El mundo está haciendo la tercera guerra mundial: Ucrania, Medio Oriente, África, Yemen… 

“Es muy serio. Entonces, “nunca más la guerra” de la boca para fuera, pero mientras tanto fabricamos armas, y las vamos vendiendo, y las vamos vendiendo a los mismos contrincantes. Porque un mismo fabricante de armas le vende a este y a este, que están en guerra entre ellos. Es verdad. Hay una teoría económica que yo nunca traté de constatar, pero la he leído en varios libros: que en la historia de la humanidad, cuando un Estado encontraba que sus balances no andaban, hacían una guerra y ponían en equilibrio sus balances. Es decir, es una de las formas más fáciles de hacer riqueza. Claro, el precio es muy caro: sangre”. 

Finalmente después de tocar varios temas sobre su pontificado, le pidieron “una opinión sobre los medios de comunicación”. 

Francisco no desaprovechó la oportunidad para insistir en lo que ha venido diciendo desde hace meses: 

“Los medios de comunicación tienen una responsabilidad muy grande. Hoy en día, en sus manos está la posibilidad y la capacidad de formar opinión. Pueden formar una buena o mala opinión. 

“Los medios de comunicación son constructores de una sociedad. Por sí mismos, son para construir. Para intercambiar. Para fraternizar, para hacer pensar, para educar. En sí mismos son positivos. Por supuesto que, como todos somos pecadores, también los medios pueden caer –los que hacemos medios, yo estoy acá usando un medio de comunicación- en hacer daño. 

“Y los medios de comunicación tienen sus tentaciones. Pueden ser tentados de calumnia (entonces, usados para calumniar y ensuciar a la gente), sobre todo en el mundo de la política; pueden ser usados como difamación (toda persona tiene derecho a la buena fama, pero por ahí en su vida anterior, o en su vida pasada, o hace diez años tuvo un problema con la justicia, o un problema en su vida familiar… entonces, sacar a la luz hoy eso es grave, hace daño, se anula a una persona). 

“En la calumnia se dice una mentira de una persona. En la difamación se saca una carpeta –como decimos en Argentina, se hace un carpetazo-, y te sacan algo que es verdad pero que ya pasó. Y quizás ya pagó con la cárcel, o con la multa, o con lo que sea, ese delito. No hay derecho a eso. Eso es pecado y hace mal. 

“Y una cosa que puede hacer mucho daño en los medios de comunicación es la desinformación. Es decir, frente a cualquier situación decir una parte de la verdad y no la otra. ¡No! Eso es desinformar. Porque vos, al televidente, le das la mitad de la verdad. Y por tanto no puede hacer un juicio serio sobre la verdad completa. 

“La desinformación es probablemente el daño más grande que puede hacer un medio. Porque orienta la opinión en una dirección, quitando la otra parte de la verdad. Y después, los medios yo creo que tienen que ser muy limpios, muy limpios y muy transparentes. Y no caer –sin ofender, por favor- en la enfermedad de la coprofilia: que es buscar siempre comunicar el escándalo, comunicar las cosas feas, aunque sean verdad. Y como la gente tiene la tendencia a la coprofagia, se puede hacer mucho daño. Así que yo diría esas cuatro tentaciones. Pero son constructores de opinión y pueden edificar, y hacer un bien inmenso, inmenso. 

Una buena sugerencia es buscar en el diccionario el significado de la “coprofagia”. 

En verdad que este Papa se preocupa mucho para el manejo de la información y siempre ha pedido “que vuestras noticias no destruyan la vida de las personas” 

"La cuestión aquí no es ser o no ser creyente. La cuestión es ser o no ser honesto con sí mismo o con los otros”. 

"Este es el trabajo -y podríamos decir también la misión- a la vez difícil y necesario del periodista: llegar los más cerca posible a la verdad de los hechos y no decir o escribir jamás algo que sabe en conciencia que no es verdadero”. 

Tenga el lector un fin de semana de paz y armonía. 

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